Melancolía y nostalgia: dos miradas al pasado - Rescue
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  • Melancolía y nostalgia: dos miradas al pasado

03 diciembre, 2016 - Inteligencia Emocional

Melancolía y nostalgia dos miradas al pasado

¿Quién no ha sentido nostalgia o incluso melancolía? Ambos sentimientos o estados anímicos tienen una relación estrecha con el pasado, con un pasado que nos parece mejor que el presente, tanto que puede provocar un estado de profunda tristeza, o en menor grado, abatimiento y apatía ante el presente.

Si recogemos las palabras del escritor Víctor Hugo, la melancolía es la felicidad de estar triste, podemos ver que todo depende del cristal con que se mire. Aquí encontramos una parte positiva en esos recuerdos, pero que en contraposición con el presente dibujan ese estado de ánimo lleno de tristeza.

Pero la melancolía también tiene un aspecto positivo, si aprendemos a gestionarla, conlleva recordar viajes, momentos, personas o experiencias que fueron bellas y que si se dieron en nuestra vida, pueden volver a repetirse, al menos, el grado de felicidad sentido, aunque los lugares o las personas que nos acompañen cambien. Es una puerta al pasado que nos recuerda qué fuimos, pero que a la vez nos muestra que todo es posible, de nuevo.

La melancolía sin memoria no es posible

Cuando alguien está melancólico, realmente está sufriendo por algo que ya no puede tener. Es una manera de dolor permitido, es decir, recordamos algo o a alguien que ya no está con nosotros. Eso nos duele, pero también nos hace experimentar un sentimiento de pertenencia, pensar que aquello fue nuestro, que nos ha pertenecido, aunque sólo sea por unos minutos.

A todos nos asalta de manera puntual

La melancolía se presenta en momentos puntuales, pero puede convertirse en un problema cuando se instala en nuestra vida de manera permanente. Es normal sentirse melancólico una tarde y mirar fotografías antiguas, o escuchar una canción y recordar un momento agradable, o pensar en alguien con el que compartimos nuestra vida. Pero cuando esta conducta se repite frecuentemente, si no se trata, puede derivarse en una depresión.

Según los expertos si nuestra vida es plena, no sentimos la necesidad de aferrarnos al pasado para pensar que lo de antes era mejor que lo de ahora. Sentirse más o menos melancólico va a depender del grado de satisfacción que tengamos en nuestro presente. Cuando uno está feliz, no necesita evocar tiempos pasados, ni pensar que todo podía ser de otra manera. Anclarnos en el pasado es una manera de perdernos el presente.

El psicoanalista Sigmund Freud, en su trabajo Duelo y melancolía, consideraba que, a partir del momento en que la melancolía se instalaba de manera permanente en un individuo, se transformaba en una patología, pues impide el normal desarrollo de las actividades cotidianas, dificultando la vida a nivel social, laboral y productivo.

Pero, como hemos visto, la melancolía puede ser considerada un ejemplo de lo que es posible, de que si una vez fuimos, podemos volver a ser. Reconducir la melancolía hacia un estado positivo en el presente, es integrar nuestra historia de una forma sana buscando en el presente la felicidad.

Al final de la película de Blade Runner, decía el replicante:

Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais… atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannahäuser.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia.

Con esa melancolía expresaba el androide de Blade Runner su consciencia ante un fin, su fin. Pero nosotros tenemos un presente en el que enfocarnos y hacer de nuestros recuerdos un goce y, sobre todo, un nuevo punto de partida hacia el futuro.

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